Redacción Periodística

Especialidad de Periodismo de la Universidad de Lima

El tiro al palo de Polmer

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[Escribe GIANFRANCO HEREÑA]

Agosto de 1993. Perú iniciaba su participación en las eliminatorias para el mundial de Estados Unidos 94 frente a Argentina. ¿Lugar? El Estadio Monumental de River Plate. La idea de los directivos peruanos era clara: “Había que lavarle el rostro a la selección”. El papelón hecho en el proceso clasificatorio a Italia 90 exigía cambios urgentes, y la indumentaria no se salvaba. La comisión de fútbol dirigida por el cineasta Francisco Lombardi asumió el complicado reto de buscar una marca deportiva que asumiera el desafío, pues las consagradas nos dieron la espalda frente a selecciones que alzaban vuelo como la colombiana y la boliviana. En ese contexto emergió Polmer, empresa de los pujantes hermanos Alfonso y Misael Quinteros, que desde hacía un par de años vestía a un buen número de equipos del Torneo Descentralizado.

“El nombre es una combinación entre Polímero y Mercurio”, señala José Quinteros, hijo de Misael. “Ambas eran marcas de ropa casual. Cuando la empresa de mi papá se junta con la de mi tío, surge Polmer”, dice. Luego sonríe al observar las fotografías. “Nosotros teníamos diseños innovadores para el mercado peruano de aquel entonces. En ese tiempo, la misión era solamente vestir al jugador. Hoy la tecnología textil debe ayudar a mejorar el rendimiento del deportista”, afirma.

Queda clara la respuesta y la intención. Aquella tarde de 1993, Perú saltó al gramado con una curiosa variante de la tradicional franja roja: esta se fragmentaba en pequeños cuadrados y líneas en la parte superior izquierda del torso, arriba de la insignia de la Federación Peruana de Fútbol. El diseño fusionaba elementos visuales de los uniformes de las selecciones de Holanda y Dinamarca, campeona y subcampeona de la Eurocopa disputada en Suecia en 1992. Sin embargo, eso no pudo evitar que Gabriel Omar Batistuta vulnerara a los 17 minutos del primer tiempo la valla de Miguel Miranda, frente a la aterrada mirada de José El Puma Carranza y otros.

Perú perdería ese partido y el siguiente, y apenas obtendría un empate como saldo final. La eliminación, sin embargo, le abrió las puertas a Polmer, cuyas prendas no tardaron en copar el mercado nacional. Firmaron una serie de contratos, llegando en 1997 a vestir al seleccionado venezolano.

Esta es la historia de un tiro al palo. Una marca que pudo conquistar Sudamérica, pero que hoy, 20 años después de aquella incursión internacional, yace en cuidados intensivos en una calle de Breña, en el Cercado de Lima, apenas a dos cuadras del antiguo y mítico Estadio Lolo Fernández.

El imperio de la camiseta

Desde sus inicios, Polmer respondió a una constante de los años noventa. Según Oswaldo Aza, gerente de ventas de Triathlon Sports, los hermanos Quinteros capitalizaron el temor de las trasnacionales por invertir y vender en el Perú. “En esa época era complicado el uso masivo de marcas como Adidas, Nike o Reebok, por lo que Polmer se convirtió en una buena opción. El país estaba quebrado y la industria nacional tuvo su oportunidad”, sostuvo.

Fue a sí que Polmer creció vertiginosamente. Se granjeó un gran número de seguidores debido a que vistió a casi el 90% de equipos del torneo profesional entre 1992 y 1993. Ese éxito que parecía domado, basado en diseños audaces y coloridos, llamó la atención de las grandes empresas foráneas que de a pocos empezaron a llegar al país, una vez que la situación económica empezó a estabilizarse. “El modelo que Umbro le hizo a Cristal en 1995 fue nuestro. Ellos lo absorbieron”, detalla Quinteros.

“Con el crecimiento también empezaron los problemas. La piratería nos jugó sucio: en esa época, cuando se hacían operativos policiales en las galerías de Gamarra o del Centro de Lima, sacaban toneladas de poleras que tenían grabada la palabra Palmer en vez de Polmer.

Eso nos hizo perder mucho dinero”, añade. Eso hizo que a partir de 1997, cuando alcanzaron su punto máximo de popularidad y de penetración en el mercado, comenzara un declive que tocó fondo en el 2004, año en el que vistieron por última vez a un equipo de fútbol profesional. Quinteros acota: “Fue al Deportivo Wanka… Y cuando ellos descendieron, también lo hicimos nosotros. Fue algo casi metafórico, porque nosotros casi desaparecimos con ellos”.

Milagrosamente, esa camiseta del Deportivo Wanka es la que ahora les saca de apuros económicos, pues se vende mucho en el exterior a más de 50 euros. ¿La causa? Quinteros lo explica: “En la jerga inglesa, la palabra wank se a socia con masturbación. Entonces, los jóvenes anglosajones se divierten llevando puesta la camiseta de un equipo llamado Wanka”, afirma. “Producimos esa prenda y mandamos miles al extranjero, lo que nos genera dividendos. Es catalogada como la camiseta más vendida en la historia del fútbol peruano”.

Es una camiseta de culto, dice Jack Hurtado, fundador del Museo de Coleccionables de Fútbol: “Si yo fuese inglés y coleccionista, es obvio que la compraría. Es una prenda única”.

La idea parece haber sido asimilada, pues la empresa Classic Football Shirts (http://www.classicfootballshirts. com.co.uk) la ofrece en su vitrina virtual a coleccionistas de todo el mundo. “Es todo un honor”, dice Quinteros.

¿Polmer pudo ser más ?

Aza sostiene que el fracaso de Polmer se debió a dos cosas: “Primero, el cambio generacional que se les vino encima. La apertura económica permitió la arremetida de transnacionales deportivas que le quitaron espacio. Segundo, que Walon, otra empresa nacional, entró con fuerza al mercado y prácticamente les hizo canibalismo. Ellos apuntaron a un público objetivo y por eso se mantienen hasta ahora”, dijo.

Para él, la elección del público objetivo es fundamental en toda marca deportiva que quiera sobrevivir. “Todo depende del cliente al que apuntas. Polmer debió percatarse de que su auge no duraría mucho y que su público era muy pequeño”, señala.

Sin embargo, para Quinteros las razones son otras. “No estábamos preparados. Nos faltó maquinaria e inversión. Cuando vestimos a la selección de Venezuela, pensamos que ese sería el punto de partida al éxito, pero no fue así”.

Lanza un hondo suspiro, se seca el sudor y guarda algunas prendas. “Ahora, mal que bien, intentamos resurgir con lo que se tiene. Estamos sacando prendas de vestir de tipo casual, pero sin descuidar el lado deportivo”, señala. Luego se acomoda el polo y dice con cierta pena: “Ojalá algún equipo peruano quiera darnos la chance de vestirlo. Hace poco estuvimos a punto”.

La pena del ariete

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Aun hoy, Claudio Pizarro sigue buscando la camiseta del Werder Bremen que ‘perdió’ en un entrenamiento previo al Preolímpico de Paraguay de 1999. Convertido en casi una celebridad por haber firmado por aquel equipo alemán, la había traído en una mochila desde Europa con su nombre y su número. El valor sentimental era muy alto por ser la primera camiseta que le habían entregado en su nuevo club.

Ese mismo día, la selección juvenil peruana había acudido a entrenar a la Videna, coincidiendo con un partido amistoso entre las divisiones menores del Deportivo Municipal, equipo condenado a la baja y en cuyo plantel había muchachos con talentos ajenos al fútbol. Uno de ellos metió la mano a la mochila y huyó con el botín bajo el brazo.

El paradero de la prenda era hasta hoy un misterio. De un latigazo, el coleccionista Jack Hurtado absolvió las dudas: “Esta es la camiseta. Aquí la tengo”.

Datos

  • En la década de los noventa, la ‘máquina celeste’ de Sporting Cristal lució el logo de Polmer. La ligazón con los rimenses duró hasta 1995, pues Umbro llegó a Lima y desplazó a la marca nacional. Luego, Umbro tuvo el privilegio de vestir a Cristal durante el subcampeonato de Copa Libertadores de 1997. Polmer estuvo a un paso de Deporte la gloria, una vez más.
  • Con nostalgia, José Quinteros recuerda al viejo Estadio Nacional de Lima. El auto familiar tenía un espacio privilegiado en el estacionamiento y la marca Polmer era sinónimo de respeto. Hoy observa al monstruo de fierro de Paseo de la República y se queda pensativo. Es lógico: perdió algo más que un lugar donde parquear.

 

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Esta entrada fue publicada el 4 enero, 2015 por en Crónicas.

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